7.9.17

Diario de lectura.


Reto de lectura, Septiembre: Leer solo libros ilustrados. 



- Blancanieves en el metro. (Varios). Un relato sobre una princesa (la propia Blancanieves, de la famosa fábula) que visita México y desde su primer paseo en metro nota la enorme disparidad entre la publicidad y la realidad — y un cisma ente los propios ciudadanos; generalmente por cuestiones de raza y de color de piel. Ella continuará su viaje por lo más profundo de México. Y de paso, usará un poco de magia para darle una pequeña lección a la sociedad… 

Texto de Annuska Angulo, con ilustraciones de Marcos Almada y un epílogo explicativo de César Carrillo Trueba. Un cuento para niños (aunque no se anuncia como tal) cuya intención es denunciar el profundo racismo que impera en la sociedad mexicana del presente. Si algunas muestras son un poco reductivas y si la solución parece demasiado fácil (además de que tiene una pequeña paradoja en su planteamiento), sirve perfectamente como primera enseñanza de un tema que, en efecto, mucha de la sociedad mexicana está reacia a admitir, mucho menos a discutir. 


Diario de lectura: Agosto.


Reto de lectura, Agosto: Autobiografías, biografías y autoficción. 



Tres libros en español: 

- Antes que anochezca. Reinaldo Arenas. 

- El desbarrancadero. Fernando Vallejo. 

- De cuerpo entero. Luis Zapata. 

Tres relatos autobiográficos de tres escritores latinos gay. Un cubano, un colombiano (colombiano-mexicano, si queremos ser precisos) y un mexicano. Y hasta ahí las similitudes. El de Arenas es un libro que es a la vez novela, autobiografía, acto de protesta y testamento poético. El de Vallejo es una novela de pretexto autobiográfico (quizá autoficción) que parte de una anécdota concreta para presentar toda una reflexión. Y el de Zapata es una serie de recuentos hilados a partir de un relato anecdótico. 

Las intenciones son sumamente distintas. Y aunque las tres son obras de calidad, su lectura afecta de maneras muy distintas. La primera conmueve e incita a pensar. La segunda provoca y también incita a pensar. La tercera… entretiene, aunque no tiene tanto interés en la reflexión. 

De todas formas entre las tres tejen un muestrario de lo que significó ser gay en Latinoamérica en el siglo XX, desde muy distintas perspectivas (y sin que sea la experiencia absoluta, cosa más bien imposible), desde diversas clases sociales…

…quizás eso sea lo que le falta al texto de Zapata: Una mejor conciencia de clase, cosa que los otros dos autores sí exhiben (y con esto quiero decir que Arenas y Vallejo están conscientes de sus propios privilegios y prejuicios. No están interesados en desecharlos, pero están conscientes de ellos). Es como el contraste que comenté en otra ocasión, la diferencia entre Pedro Lemebel y Guillermo Osorno. El primero escribe con un ojo que escudriña en todas las capas de su sociedad y el segundo desde la perspectiva de un niño privilegiado que se asoma tímidamente al mundo a su alrededor. Así aquí —donde Arenas y Vallejo escriben desde la perspectiva del disidente, Zapata lo hace desde la perspectiva del privilegiado que no está consciente de serlo. 

De cualquier modo, son tres textos cuya lectura es de gran interés. 


Diario de lectura.


Reto de lectura, Agosto: Autobiografías, biografías y autoficción. 



- De cuerpo entero. Luis Zapata. Publicado en 1990, este breve libro forma parte una colección en que diversos escritores mexicanos publicaron relatos autobiográficos. El de Zapata se titula “Las cálidas tardes del cine Guerrero”. Nos cuenta sus años de infancia con el pretexto principal de sus experiencias en el cine y el teatro. Más que un listado de películas, espectáculos y estrellas del momento (que sí lo hay), sirve de punto de partida para rememorar anécdotas que influyeron la posterior obra del propio Zapata —muy particularmente su novela “La hermana secreta de Angélica María”. 

El relato es ameno y se siente sincero. Si por momentos parece un poco ligero es porque las anécdotas las cuenta más o menos como las recuerda (inclusive un caso escabroso —el hallazgo de un cadaver en una bodega), con la concesión de que a veces la memoria altera los hechos. En general es una lectura entretenida, no demasiado compleja. 


31.8.17

Diario de lectura.


Reto de lectura, Agosto: Leer sólo biografía, autobiografía y auto-ficción. 



- El desbarrancadero. Fernando Vallejo. Tras el ciclo de “El río del tiempo” y la inusual (para Vallejo) “La virgen de los sicarios” apareció “El desbarrancadero”, en el cual esa voz narrativa de Fernando Vallejo (su doble literario, su confesión en prosa) toma como punto de partida la agonía de su hermano Darío, víctima del SIDA. Pero como en todas las ¿novelas? ¿novelas autobiográficas? ¿prosas de auto-ficción? de Vallejo, esa anécdota no es mas que el punto de partida para una serie de recuerdos hilvanados. También de toda suerte de protestas contra todo y contra todos, como es característico de su obra. Mientras nos habla de los últimos días de Darío y de su relación con él (a veces fraternal, a veces amistosa, a veces de hecho incestuosa y a veces distante), también se explaya en la muerte de su padre (“papi”) y arremete contra su madre y el más joven de sus hermanos (“la loca” y “Cristoloco, el Güevón”). De paso, los obligatorios recuerdos esbozados en otras obras —el infaltable globo rojo de “Los días azules”, algunos pasajes de “Los caminos a roma” y de “Entre fantasmas”. Y hasta la metáfora literaria, en que la muerte de Darío es también la muerte del propio Fernando, para narrar o bien desde el más allá o bien desde el diván de un psicoanalista, según se quiera ver. 

La de Vallejo es una de las pocas narrativas que se proponen provocar absolutamente a todos, y si a menudo cae en contradicciones (lo que se alaba en una página se aborrece cinco páginas después y viceversa) es porque así es la propia naturaleza humana. Muchas de sus sentencias son hiperbólicas, por supuesto —a veces incluso graciosas, a veces con algo de berrinche y otras con algo de ironía. Pero lo que yace en el fondo es lo que de hecho cruza casi toda la narración de Vallejo (con la posible excepción de “La virgen de los sicarios”, que hasta éste punto de su obra sería la más propiamente novelesca): Una eterna nostalgia por la infancia perdida. Claro que lo que hace especial a la infancia es el hecho de que se acaba, y de que se acaba rápidamente. Así también la vida, pareciera ser lo que propone éste libro en particular. Las vidas que se aprecian, aunque el narrador insista en que no, son las que se van, las muertes que pesan sobre los vivos. No en balde se idealiza a los muertos que en vida eran objeto de peleas y se odia a los que sobreviven, así hayan sido también objeto de pasajes entrañables. Presumiblemente, hasta que caigan también en el desbarrancadero del título: El paso a la muerte que a todos nos espera.